Cuando Ragnar Lobrock reinó en Alicante


Es un hecho relativamente conocido que la costa alicantina fue acechada por tropas vikingas a mediados del siglo IX. En la época convulsa que va desde la decadencia del imperio romano hasta la invasión islámica, la Península Ibérica estuvo durante varios siglos sometida al pillaje y el saqueo de varios pueblos centro europeos, siendo los visigodos los que tuvieron mayor presencia. Sin embargo, normandos, teutones e incluso los temibles vikingos escandinavos también visitaron nuestras tierras, como bien pueden atestiguar las crónicas de Orihuela y la Vega Baja.

Lo que no es tan conocido es que aquellos gigantes vikingos de largas cabelleras y temibles hachas de doble filo no eran unos simples piratas anónimos cuyo rastro se pierda en los albores del tiempo. Más bien al contrario, Orihuela fue una etapa más en las gestas de Björn Lodbrok, uno de los vikingos más fieros y temibles que nunca existieron, descendiente directo del mítico Ragnar Lodbrok, el primer gran caudillo vikingo reconocido cuyas gestas fueron cantadas por las sagas nórdicas de su tiempo y, mucho más recientemente, por la exitosa serie Vikingos, que emite desde 2013 la cadena HBO.

Ragnar Lobrock; nace una leyenda

Según los historiadores, es probable que el Ragnar Lodbrok que ha llegado hasta nuestros días nunca existiera. Más bien, su leyenda parece haberse construido en torno a un personaje imaginario al que se atribuyeron varios hechos históricos como la muerte de los Reyes Horik I (854 dc) y Reginfrid (814 dc), el rey que unificó por primera vez Dinamarca y Suecia, un líder llamado Reginherus que sitió París en 845, y el líder vikingo que invadió Inglaterra con el gran ejercito pagano en el año 865.

Ragnar Lodbrok

Según la tradición, Ragnar era descendiente directo del dios Odín y estuvo casado con las célebres princesas guerreras Aslaug, Bora y Lagertha, con las que tuvo innumerables hijos entre los que destacaron Erik, Agnar, Hastein, Olof, Ivar el Deshuesado, Sigurd Ojo de Serpiente y Björn Ragnarsson, también conocido como Brazo de Hierro, que pasó a la historia como su más noble heredero.

 

Björn resultó ser un famoso y poderoso caudillo vikingo y un excelente navegante. Junto a su hermano Hastein, tomó el relevo de su famoso padre para liderar numerosas incursiones en Francia e Inglaterra. Pero su curiosidad y ambición fue más allá, hasta el punto que en el año 860 se propuso conquistar las costas del Mediterráneo.

Björn Ragnasson y la conquista del Medi Terraneum Mars

Al mando, de una gran expedición vikinga, Björn saqueó las costas españolas y atacó Navarra y Galicia – donde fue repelido hasta en dos ocasiones, siendo una de las pocas plazas que se resistió a sus incursiones -, antes de saquear Algeciras y Nekor en Marruecos entre los años 858 y 862 y cruzar el estrecho de Gibraltar. En su periplo, Björn y Hastein sembraron el terror por el norte de África y las costas mediterráneas francesas e italianas, donde capturaron Pisa y atacaron Sicilia.

El éxito de sus misiones se sustentaba en un vasto conocimiento sobre geografía y astronomía que les permitía interpretar las rutas de navegación y reconocer los terrenos que visitaban, y en una tecnología de construcción naval que hacía que sus barcos de quilla plana y proa rematada con cabezas de dragones, los épicos drakkars, estuvieran dotadas de una magnífica maniobrabilidad que les permitía afrontar con igual certeza derivas en alta mar e incursiones por ríos de escaso calado.

 

Su táctica militar era tan sencilla como eficaz. Aprovechando la velocidad de sus embarcaciones, arribaban a una población y, sin dejar tiempo para tomar aliento ni permitir que se organizara una defensa, se lanzaban a un feroz ataque pertrechados con sus hachas de mango largo y sus escudos, ante las que poco podían hacer las espadas cortas de visigodos y árabes.También utilizaban espadas escandinavas, lanzas y arcos. Una vez que desembarcaban, hacían sonar a golpes sus escudos y quemaban todo a su paso para crear miedo y facilitar una rápida rendición, lo que les permitía volver cuanto antes a sus naves con el botín.

Aquellos gigantes tenían una estatura media de 1,70 metros, muy superior al 1,50 de sus coetáneos mediterráneos, y estaban curtidos en el arte de la guerra, al que dedicaban su vida. Su marcado carácter supersticioso los hacía insaciables en la guerra, donde jamás renunciaban a un cuerpo a cuerpo, ya que su mayor deseo era poder morir en la lucha para, de este modo, hacerse valedores a ocupar un sitio en el Valhalla, el eterno festín con el que el dios Odín homenajeaba a los guerreros que se hacían dignos de merecerlo por su valor y atrevimiento en la batalla.

En el año 862 d.C. los dos hermanos conquistadores retornaron a las costas escandinavas tras su exitosa odisea. Solo 20 de los 62 drakkars que componían su flota inicial les acompañaban. Sin embargo, el botín obtenido les permitió vivir con abundancia el resto de sus días, reconocidos por los suyos como guerreros legendarios.

Orihuela sufre el ataque de los vikingos

No es difícil de imaginar la cara de sorpresa que debieron experimentar los vecinos de Orihuela cuando vieron como una flota de barcos vikingos remontaba el río Segura en el otoño del 858. En aquellos tiempos, Orihuela respondía al nombre islámico de Uryula y era una pequeña población perteneciente a  la Cora de Tudmir, provincia del emergente reino de Al-Ándalus al mando del omeya Muhammad I, que abarcaba desde el sur de Alicante hasta Denia y las áreas limítrofes de Murcia y Albacete.

Su pequeña urbe conservaba su tradición cristiana y estaba protegida por las defensas que en altura coronaban el cerro de San Miguel. Como centro organizativo y defensivo, tenía influencia sobre un extenso territorio circundante, jalonado de pequeñas aldeas dedicadas a cultivar las fértiles riberas de la huerta del Segura. En unas tierras de pacíficos labradores que vivían en concordia con sus vecinos, nadie estaba preparado para repeler una ofensiva como la que ofrecieron los normandos.

Sabemos que los navíos vikingos alcanzaron por navegación de cabotaje la desembocadura del Segura a la altura de Guardamar y, encontrando las facilidades de acceso que ofrecía el cordón dunar de Guardamar a sus barcos de poco calado, siguieron río arriba hasta alcanzar Orihuela. Las crónicas cuenta que tomaron con facilidad el castillo y establecieron un asentamiento temporal para pasar el invierno, antes de continuar hacia las Islas Baleares y las costas de Francia e Italia.

No obstante, no permanecieron mucho tiempo en nuestras tierras, ya que, con la llegada de la primavera, abandonaron Orihuela tan rápidamente como lo habían ocupado, haciendo acopio de su botín en forma de plata, esclavos y avituallamiento con los que afrontar infructuosamente la conquista de Roma.

El ataque y asentamiento vikingo sirvió para que los gobernantes locales tomaran constancia de la vulnerabilidad defensiva de la región, lo que provocó que la antigua Almodóvar, la Guardamar musulmana, sería fortificada en años posteriores para poder resistir futuros ataques de los conocidos por los árabes como mayus (paganos) o  lordomani (hombres del Norte), al tiempo que los monjes cristianos rezaban temerosos “a furore Normannorum libera nos Domine” (“de la furia de los Hombres del Norte, líbranos Señor“).

A pesar de las escasas evidencias arqueológicas que se han conservado hasta nuestros días, sabemos que las huestes de Björn Ragnarsson también saquearon a su paso diversos puntos de la costa de Murcia y el norte de Valencia. E incluso, a su regreso, sus hazañas, mencionadas en las Sagas Islandesas del siglo XII, sirvieron de inspiración a otros guerreros que en torno a 1031 regresaron para establecer pequeños reinos de efímera duración en Valencia, Almería, Denia y Baleares.

Fuentes consultadas:

  • Museo Arqueológico de Alicante (MARQ)
  • Diario Información
  • La Verdad de Murcia
  • Eldiario.es
  • Muy Interesante
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Acerca de Víctor Guerra

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