Por qué el escudo de Alicante luce el Toisón de Oro


Esta semana, en el transcurso de las conmemoraciones por su 50 cumpleaños, los medios se hacía eco del gesto del rey Felipe VI con su primogénita, la Infanta Leonor, Princesa de Asturias y heredera directa al trono, a la que impuso el Toisón de Oro, el mayor reconocimiento que la Corona Española puede conceder.

Mucho se ha escrito sobre esta noble condecoración, cuya imposición es un hecho extraordinariamente excepcional. De hecho, el Toisón de Oro, – representado por una cadena de oro de la que pende un carnero o vellocino, también de oro – es la máxima condecoración de la Insigne Orden del Toisón de Oro, orden de caballería fundada en 1429 por el duque de Borgoña y conde de Flandes, Felipe III de Borgoña.

Se trata del reconocimiento de gran maestrazgo en una de las órdenes de caballería más prestigiosas y antiguas de Europa, profundamente ligada a la dinastía de los Habsburgo y las coronas de Austria y España. De este modo, la infanta se convierte en la decimocuarta poseedora de tal reconocimiento en España (aunque, curiosamente, no es la primera mujer, ya que anteriormente le había sido impuesta a la reina Isabel II).

Lo que tal vez algunos alicantinos no hayan caído en cuenta es que este reconocimiento también fue otorgado en su momento a nuestra capital, como figura en el escudo municipal. La historia de su conquista supone un destacado episodio de la historia de Alicante, del que nos hacemos eco en estas líneas.

El origen de un reconocimiento imperial

Llegado el momento de su coronación, los reinos y dominios de Fernando el Católico, a cuya corona pertenecía Alicante, fueron heredados por su nieto, el emperador Carlos I de España y V de Alemania (1516-1556), cuyo reinado fue el primero en el que las coronas de Castilla y Aragón recaían sobre un mismo monarca, así como la corona germana heredada como nieto del Emperador de Alemania.

Don Carlos I ocupó el trono de España después de no pocas oposiciones, tanto internas – por las amenazas de los comuneros de Castilla y las Germanias de Aragón -, como externas, por las amenazas recibidas por el rey Francisco I de Francia, la emergencia del imperio otomano y la revolución luterana en Alemania. Pese a estas adversidades, el magnánimo y valiente emperador dio inicio a una de las más gloriosas páginas de la historia de España, dignamente sucedida por su hijo, Felipe II.

El reconocimiento del emperador a la ciudad de Alicante fue concedido, precisamente, por la intermediación de la ciudad en las Germanias, unos conflictos de carácter social entre artesanos y la burguesía y nobleza valenciana, acaecidos entre 1519 y 1523.

Descontentos los menestrales valencianos, decidieron constituirse en germanía (hermandad) a modo de primaria organización militar. Después de obtener el reconocimiento de Carlos I, eligieron para gobierno de la germanía una Junta, cuyos trece miembros eran representantes de los más importantes gremios de la ciudad, conocida como Junta de los Trece.

En el año 1522, comprometidas las tropas del Rey por las crecientes fricciones, el Virrey, que se encontraba en Canals, se dirigió al Concejo de Alicante pidiéndole socorro de gentes. La Municipalidad accedió de inmediato, enviando a su costa a 150 hombres, que pelearon como héroes para reestablecer el imperio de las instituciones.

Los rebeldes agermanados opusieron una dura resistencia, cuya máxima intensidad se plasmó en una feroz batalla acaecida en las inmediaciones de Gandía, cabeza del ducado del mismo nombre. En ese conflicto, clave para el devenir de la revolución, los bravos alicantinos, en combinación con otras fuerzas leales, dieron sobradas muestras de valor y heroísmo, exterminando a los secesionistas.

Los esforzados servicios prestados por nuestros antepasados en aras de la corona no podían quedar sin recompensa, y así lo reconoció Carlos I a su regreso a España de su viaje a Alemania. De este modo, el emperador expidió en 1524 un privilegio real a la Ciudad de Alicante, concediéndole el uso del Toisón de Oro como orla del escudo, tal y como luce en la bandera de la ciudad desde esa dicha fecha.

Asímismo, apreciando Carlos I la importancia que tenía para el Reino nuestro castillo de Santa Bárbara, envió a la fortaleza en 1526 dos cañones de bronce con las Armas del Rey grabadas en su bocana, para que la plaza pudiera ser defendida en un futuro caso de ser atacada.

De este modo, se sellaba un lazo fraternal de respeto y admiración mutua entre el más insigne dirigente de la historia de España y nuestra ciudad, puerta del Mediterráneo y cuna de nobles gestas y valerosos vecinos, como ya hemos narrado en anteriores episodios de nuestro humilde blog.

BIBLIOGRAFIA:

  • VIRAVENS PASTOR, Rafael. Crónica de la Muy Ilustre y Siempre Fiel Ciudad de Alicante. Alicante 1876
  • CAMILO JOVER, Nicasio. Reseña de la Ciudad de Alicante. Alicante 1881.
  • FIGUERAS PACHECO, Francisco. El castillo de Santa Bárbara de Alicante. Alicante 1962.
  • FIGUERAS PACHECO, Francisco. Resumen histórico de la ciudad de Alicante. Alicante 1963
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Acerca de Víctor Guerra

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