Francisco Balmis, el alicantino que vencía a las epidemias


Francisco Javier de Balmis y Berenguer  es uno de los alicantinos más insignes que ha dado nuestra tierra. Médico militar de vocación – hoy sería llamado epidemiólogo -, dedicó su vida a combatir epidemias como la viruela a lo largo de todo el mundo conocido, salvando con su labor cientos de miles e incluso millones de vidas.

Esta es la historia de uno de los alicantinos más nobles y abnegados que nunca hubieron. Tanto fue así que aún en 2020, doscientos años después de su muerte, el Ministerio de Defensa español renombró al dispositivo militar destinado para combatir la pandemia de coronavirus provocada por el CO-VID19 como “Operación Balmis” en honor a su memoria.

balmis-coronavirus

Una carrera desde el Postiguet hasta Madrid pasando por México 

De Balmis se sabe que nació en la ciudad de Alicante en un lejano 2 de diciembre de 1753, en el seno de una familia de cirujanos, profesión que habían desempeñado anteriormente su abuelo paterno Antonio y su padre, también llamado Antonio.

De este modo, es de suponer que en su hogar familiar de la Plaza de la Fruta, situado a espaldas del Ayuntamiento de Alicante, Francisco Javier y sus dieciseis hermanos crecieron rodeados de lancetas, jeringuillas, sanguijuelas, ungüentos, bálsamos herbales y otros de los útiles que formaban parte en el siglo XVIII del instrumental médico de la época.

Muy pronto sintió la llamada de la vocación médica, que estudiaría durante cinco años en el entonces Hospital Real Militar de Alicante – edificio que actualmente ocupa la Comandancia de la Guardia Civil de la calle San Vicente y que curiosamente, colinda con el Panteón de Quijano, monumento dedicado a otro ilustre alicantino que dedicó su vida a combatir las plagas y pestes que arrasaron antaño nuestra provincia-.

Terminados sus estudios, Balmis partió a las colonias. La Habana, en primer término, y Ciudad de México, donde ocupó el cargo de primer cirujano en el Hospital de San Juan de Dios, sirvieron para granjearse una merecida fama como galeno.

A su vuelta a la Península, fue llamado para ejercer como médico personal de Carlos IV. Desde esta posición en la Corte, Balmis convenció al Rey para que sufragara una expedición médica a las colonias americanas destinada a propagar la recién descubierta vacuna de la viruela.

El viaje circunvalando el mundo que derrotó a una pandemia

Así fue como, con el beneplácito y el auspicio de la Casa Real, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna encabezada por Balmis – motivo por el que fue posteriormente bautizada como “Expedición Balmis” – recorrió Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Cuba, Ecuador y Panamá, entre otros países.

expedicion balmis

Su misión permitió que la vacuna de la viruela llegara a territorios tan distantes como Texas o Chile, poniendo remedio a una enfermedad  vírica que por aquel entonces mataba a más de 400.000 personas al año – sin ir más lejos, a lo largo del siglo XX 300 millones de personas murieron por viruela en todo el mundo.

En 1805, Francisco Javier Balmis se embarcó en el Magallanes en el puerto de Acapulco rumbo a los territorios de ultramar de Filipinas. Desde Manila, aprovechó la travesía de vuelta a España para seguir difundiendo la vacuna de la viruela en Macao y Cantón, introduciendo así dicha cura en Asia a través de la remota y exótica China.

recorrido balmis

Gracias a la amplia experiencia adquirida durante su ajetreada y entregada vida, Balmis pudo escribir algunos de los tratados más reputados de su época sobre epidemiología, como el afamado Instrucción sobre la introducción y conservación de la vacuna. Su generosa labor le hizo merecedor del reconocimiento de los galenos más reputados de toda Europa.

Francisco-Javier-Balmis

Francisco Balmis terminó sus días en Madrid un 12 de febrero de 1819. Un año y un mes después que se cumplieran dos siglos de esta efeméride, otra terrible epidemia estremecía al mundo entero. El recuerdo de su obra sigue fresco en la memoria de la medicina militar actual, como demuestra el merecido homenaje en su nombre que, sin duda, debería servirnos de inspiración y esperanza para vencer hoy como Balmis nos enseñó a lo largo de su existencia.

 

 

 

Acerca de Víctor Guerra

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